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Moros y Cristianos de Alcoi: guía de la fiesta de Sant Jordi

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En breve: Cada 22-24 de abril, Alcoi levanta la fiesta de Moros y Cristianos más antigua de España: las Entradas, el día de Sant Jordi con la embajada mora, y el Alardo arcabucero que termina en la aparición del santo sobre el castillo. Veintiocho filaes, tres géneros musicales propios, y una ciudad de montaña entera participando — todo gratuito desde la calle.

Cada mes de abril, la ciudad interior de Alcoi levanta la fiesta de Moros y Cristianos más antigua y famosa de España: tres días en honor a Sant Jordi, el patrón, en los que veintiocho filaes —mitad moras, mitad cristianas— desfilan, combaten a arcabuzazos y asedian un castillo de madera plantado en la plaza mayor. Declarada de Interés Turístico Internacional, es el modelo que siguen todos los demás Moros y Cristianos de la provincia, incluida la gran fiesta de septiembre de Villena. Esta guía explica la leyenda que la sostiene, la trilogía de tres días acto por acto, y cómo verla bien.

La fiesta pertenece a una ciudad industrial de montaña, no a la costa — y ahí está la gracia. Las calles empinadas de Alcoi, sus puentes sobre los barrancos y su abril fresco componen un escenario que ningún pueblo de mar podría ofrecer, y la ciudad entera participa: las filaes son asociaciones de vecinos que cosen sus propios trajes y ensayan su propia música durante todo el año. El visitante mira una fiesta que la ciudad se echa para sí misma, y por eso funciona.

La leyenda: 1276 y la aparición de Sant Jordi

La historia que la fiesta representa se sitúa en 1276, una generación después de que Jaume I tomara estas tierras, cuando el caudillo musulmán Al-Azraq se alzó contra los pobladores cristianos y sus tropas atacaron Alcoi. En inferioridad tras sus murallas, los defensores aguantaron hasta que, en el momento decisivo, un caballero armado apareció sobre las almenas — Sant Jordi, San Jorge — y decidió la batalla. Los atacantes se rompieron, el pueblo se salvó, y el santo se convirtió en patrón de Alcoi, honrado cada abril desde entonces.

Los historiadores discuten los detalles, pero la fiesta nunca les ha pedido permiso: la aparición se representa cada año sobre el castillo de la Plaza de España, y el instante en que el santo surge sobre las almenas es el pico emocional de los tres días. Conocer la leyenda de antemano cambia la experiencia — los desfiles dejan de ser disfraces y se convierten en los dos ejércitos del relato, marchando hacia su batalla señalada.

La trilogía, acto por acto: Entradas, Sant Jordi y Alardo

La fiesta sigue una trilogía fija los días 22, 23 y 24 de abril. El 22 pertenece a las Entradas: el ejército cristiano desfila por la mañana y el moro por la tarde, cada filà detrás de su banda, con las capitanías del año —las filaes que ostentan los cargos mayores— cerrando cada desfile con su boato completo, las carrozas y séquitos que son la firma visual de la fiesta. Este es el día del traje y de la música; las batallas llegan después.

El 23 es el día del patrón. Se abre con la Diana, el desfile del amanecer en que las filaes marchan tocando los pasodobles que el público les devuelve cantando, continúa con la procesión solemne que lleva la reliquia del santo por calles alfombradas de pétalos, y se vuelve teatro por la tarde: la Estafeta, en que un jinete moro exige la rendición del castillo, y la Embajada Mora, el parlamento en verso en que los cristianos ceden y la bandera mora sube a la fortaleza. El día termina con el castillo en manos moras — a propósito, para que el 24 pueda recuperarlo.

El 24 es el día de la pólvora. La mañana trae el Contrabando y después el Alardo, la gran batalla arcabucera: cientos de festeros de traje disparando descargas de fogueo calle arriba y calle abajo durante horas, avanzando y retrocediendo entre barricadas en un combate fingido que huele a pólvora en todo el centro. Por la tarde, la Embajada Cristiana invierte la escena de la víspera —los cristianos exigen la devolución del castillo— y ante la negativa mora, Sant Jordi aparece sobre las almenas, la batalla queda decidida, y la fiesta termina con el triunfo del santo y la ciudad disparando salvas hacia la noche.

Las filaes: el ejército festero

Las veintiocho filaes son los regimientos permanentes de la fiesta — catorce cristianas y catorce moras — cada una con sus colores, su capitán y su banda. La pertenencia pasa por familias y amistades; los trajes los cosen y custodian las propias filaes, y las capitanías que encabezan las Entradas de cada año rotan, de modo que a cada filà le llega por turno su año de gloria. El Museo Festero de Villena muestra cómo una ciudad hermana guarda la misma tradición, con trajes y enseres de capitanía de su propia fiesta de septiembre.

La música merece oído propio. La trilogía marcha sobre tres géneros escritos a propósito —pasodobles para la Diana, marchas moras y marchas cristianas para las Entradas— compuestos para esta fiesta a lo largo de más de un siglo, y las bandas son el orgullo de sus filaes. Conviene colocarse cerca de una esquina de banda y no en un tramo silencioso: la mitad de las Entradas es sonido, y el público que devuelve los pasodobles cantando forma parte del acto.

Verla bien: dónde colocarse y qué más ver

La Plaza de España es el escenario de la fiesta: allí se planta el castillo, allí se declaman las dos embajadas, y allí sucede la aparición. La plaza se llena pronto las tardes del 23 y del 24, así que hay que llegar con antelación o aceptar una calle lateral con peor vista y mejor ambiente. Las Entradas del 22 son más fáciles — el recorrido es largo, los desfiles duran horas, y cualquier punto del itinerario lo ve todo con el tiempo. Entre acto y acto, conviene cruzar el Puente de Sant Jordi, el puente del patrón sobre el barranco con la ciudad apilada detrás: la fotografía clásica de la fiesta.

Alcoi premia los huecos entre desfiles. El Museo de Visedo guarda la arqueología de las sierras del entorno, el casco antiguo trepa por el barranco en calles que piden una hora por sí solas, y sobre la ciudad el santuario de la Font Roja y la Sierra de Mariola ofrecen el contrapunto verde — carrascales y fuentes a un paseo corto de la pólvora. Quien combine la fiesta con más provincia que lea antes cómo llegar a los pueblos sin coche: Alcoi es ciudad de autobús, y los autobuses de fiesta se reservan.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo son los Moros y Cristianos de Alcoi?

La trilogía sigue fechas fijas: las Entradas el 22 de abril, el día de Sant Jordi con Diana y embajada mora el 23, y el Alardo con embajada cristiana el 24. La ciudad se llena los tres días, así que la excursión de un día exige transporte temprano y la pernocta exige reserva.

¿Qué es el Alardo?

La gran batalla arcabucera de la mañana del 24: cientos de festeros de traje disparando descargas de fogueo por las calles durante horas, en un avance y retroceso fingidos. Es el acto más ruidoso de la fiesta — los tapones para los niños pequeños son un cuidado, no una ofensa.

¿Es gratis ver la fiesta?

Sí. Desfiles, embajadas, batalla y aparición suceden en calles y plazas públicas y no cuestan nada. Lo que cuesta dinero es llegar y dormir: transporte y camas del fin de semana de la trilogía se agotan.

¿Hay más Moros y Cristianos en la provincia?

Decenas — Alcoi es el modelo, no el monopolio. Las mayores son la fiesta de septiembre de Villena, con su propio museo festero, y la de mayo en Biar; ambas se combinan más fácil con una visita tranquila, porque ninguna arrastra las multitudes de abril de Alcoi.

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